María Ángeles Pérez Navarro es investigadora del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), donde desarrolló su tesis en colaboración con la Universidad de Murcia (UMU). Ha trabajado sobre los efectos de las sequías extremas en la vegetación mediterránea, concretamente con matorral semiárido y también con algunas especies arbóreas. Nació y creció en Moratalla, en la frontera entre Murcia y Albacete, y el bosque forma parte de su infancia.

“Mi olor favorito es el que traía mi padre los domingos, porque iba al monte y cuando regresaba olía a tomillo, olía a romero, me hacía sentir el olor del bosque en verano”

Mari Ángeles Pérez Navarro

¿Qué es exactamente un bosque mediterráneo?

Es la formación vegetal típica del clima mediterráneo, que tiene como particularidad la sequía estival, esa coincidencia de periodos de altas temperaturas con bajas precipitaciones que vivimos en verano en gran parte de la península ibérica, y también en el sur de Francia, Italia, Grecia, incluso en la costa oeste de la cuenca mediterránea y algunas zonas del norte de África. Regiones en las que, como contraste a esa sequía estival, se producen otoños e inviernos más lluviosos y más fríos. El resultado es una vegetación resistente a los extremos climáticos, tolerante a la sequía. Hay otros lugares del mundo, como el sudoeste de Australia, en Sudáfrica y en la costa de Chile, con un clima similar y donde también es posible encontrar este tipo de vegetación. En el caso de la península ibérica, el bosque mediterráneo es la formación vegetal predominante.

¿Cómo es un bosque mediterráneo original, virgen?

Cuando pensamos en el bosque mediterráneo es muy difícil pensar en un bosque virgen. Es un bosque que ha sido alterado durante siglos o milenios por la mano del hombre. La historia de la cuenca mediterránea, rica en colonizaciones de diferentes culturas, a menudo asolada por guerras y donde también ha habido usos agrícolas del territorio desde muy antaño, ha alterado el bosque. Es muy difícil pensar que el bosque mediterráneo sea primigenio, incluso en el caso de los mejor conservados.

¿Qué especies lo caracterizan?

Especies adaptadas a la sequía, como la encina, el quejigo y el alcornoque, así como diferentes especies de pino según la altitud, e incluso algunas especies de robles. De todas las especies mediterráneas, las de roble son las menos tolerantes a la sequía. Pero no podemos olvidar la importancia del matorral en estos bosques. A veces hablamos de estas especies, encinas, robles y pinos, como especies emblemáticas; pero no lo son menos las especies de matorral. El mediterráneo es un bosque estructurado en diferentes niveles, con un nivel de especies arbóreas y otro de especies de matorral bien desarrollado, y a veces herbáceas. En la zona de Murcia, por ejemplo, es bastante habitual encontrarnos la Stipa tenacissima (esparto) porque el esparto era bastante utilizado tradicionalmente para hacer calzados y tejidos, y se favoreció su presencia. El estrato arbustivo a menudo es muy aromático. El bosque mediterráneo huele a tomillo, a lavanda, a romero y a artemisias.

¿Estas especies existen en otro tipo de bosques, es decir, hay otro tipo de bosques que tengan cantueso, tomillo, etc.?

Existen algunas (aunque no demasiadas) especies aromáticas en otras formaciones vegetales que no son el bosque mediterráneo. En el bosque mediterráneo estas especies son particularmente abundantes y variadas, lo que hace que sea el bosque más aromático o de los más aromáticos. Aunque algunas de estas especies aromáticas, como algunos tomillos o la artemisia, se puedan encontrar en otras comunidades vegetales, el bosque mediterráneo posee una extraordinaria variedad y abundancia de especies aromáticas que le dan ese olor tan característico. Algunas especies arbóreas mediterráneas pueden estar también más hacia el norte de Europa, donde pueden formar parte de otras formaciones y bosques distintos. Pero el matorral tan adaptado a la sequía y tan fuertemente aromático es propio del bosque mediterráneo.

En las zonas mediterráneas más húmedas, las especies de matorral son menos aromáticas y de mayor porte, por lo que alcanzan tamaños considerables, como el lentisco, la coscoja, el majuelo y el endrino, que puede llegar a tener porte arbóreo de varios metros. En las zonas de menor precipitación, por el contrario, predominan especies de matorral de menor porte, como brezos, jaras, jaguarzo, y a menudo aromáticas, como tomillos, lavandas y romeros.

¿Y qué animales viven en el bosque mediterráneo?

En el bosque mediterráneo podemos encontrar una gran diversidad animal, especies de mamíferos como la cabra montés, el ciervo, el corzo, el jabalí, el conejo, el zorro, la garduña, la gineta y los emblemáticos lobos, gatos monteses y linces ibéricos. También podemos encontrar muchas especies de aves, como la perdiz roja, la carraca y la cogujada, y numerosas especies de rapaces (azor, cárabo, águila real, buitre, búho real, mochuelo, etc.), así como multitud de especies de anfibios y reptiles.

Muchas de estas especies animales están precisamente asociadas a estas zonas de menor precipitación, bosque más abierto, rico en arbustos de pequeño porte y con una densidad baja de árboles. A pesar de ser zonas mayoritariamente áridas, vemos que la biodiversidad que albergan es muy grande.

¿Doñana es un ejemplo?

El paisaje de Doñana tiene varias formaciones vegetales. Por un lado, la zona de las dunas, donde hay un predominio del Pinus pinea, que es un pino que se ha utilizado mucho en plantaciones para fijar las dunas en siglos pasados. Pero también tiene una extensa superficie que es un ejemplo representativo de este bosque mediterráneo con matorrales diversos. En Doñana encuentras diferentes formaciones de matorral, con unas zonas que tienen matorrales ricos en brezo (monte negro) y otras ricas en jaguarzo y romero (monte blanco). Estos matorrales, además de ser fuentes de diversidad vegetal y animal, son más resistentes a la sequía y los incendios que las superficies de pinar.

¿Es un bosque afectado por el cambio climático?

El cambio climático supone un incremento de temperaturas, y en el caso de la cuenca mediterránea también producirá potencialmente una reducción de las precipitaciones. Con esto, podría parecer bastante lógico que al bosque mediterráneo, que está adaptado a la sequía, le vaya a ir bien. Sin embargo, esto no es tan sencillo.

«Los bosques migran, como migran las personas en condiciones adversas, aunque más lentamente»

Mari Ángeles Pérez Navarro

Con el incremento de temperatura se morirán árboles en el límite cálido (porque se volverá demasiado caliente y seco), es decir, el sur de la península ibérica, y nacerán más árboles en el límite más frío (que con el cambio climático ya no será tan frío), es decir, norte de la península y sur de Francia. Tras otros cambios climáticos que ha habido en el pasado se han constatado estas migraciones de los bosques. Digamos que los bosques migran, como migran las personas en condiciones adversas, aunque más lentamente.

Idealmente, el bosque mediterráneo se desplazaría hacia zonas más favorables climáticamente, es decir, hacia latitudes más altas y de mayor altitud en las montañas, pero este proceso de migración se va a encontrar con dos limitaciones principales: por un lado, la presencia de barreras geográficas – cultivos, carreteras, ciudades que impiden su avance al dificultar la propagación de semillas– y por otro, la velocidad del cambio climático actual, que tiene una tasa de cambio más rápida de la que hubo en períodos anteriores y que puede ser superior a la velocidad de migración de las especies. Estas circunstancias aumentan el peligro de extinción de las especies.

¿Un bosque migra?

Sí; a una velocidad poco perceptible para los humanos, pero sí. Con el incremento de temperatura, las especies mediterráneas irán disminuyendo su abundancia en el límite más cálido de su distribución e irán aumentando su abundancia en el límite frío, que progresivamente se habrá vuelto más favorable, lo que dará como resultado una migración del bosque.  

¿Qué especies serán las más afectadas?

Las especies de matorral de porte mediano y pequeño, como el tomillo, el romero y las jaras, tienen una característica que se llama senescencia de verano. Son plantas que pueden perder la hoja cuando hace mucho calor para evitar la transpiración y resistir altas temperaturas cuando apenas hay agua en el suelo. Estas especies tienen más opciones de resistir el cambio climático. Las especies arbóreas más adaptadas a la sequía, como el pino carrasco y la encina, también podrían ganar superficie. Sin embargo, las que requieren algo más de frío y humedad, como Pinus uncinata y Pinus pinaster, los robles y el pinsapo, lo van a tener más difícil. A estas les puede ir particularmente mal, porque cuando no puedan migrar más se van a encontrar con que el hábitat ya no es el adecuado para subsistir y probablemente se enfrentarán a extinciones locales.

¿Centras tu investigación en la supervivencia del bosque mediterráneo ante el cambio climático?

Particularmente estudio los efectos de los eventos climáticos extremos, momentos en los que el clima es muy diferente de las medias históricas. Trabajo sobre eventos que ya han sucedido y que pueden ser un anticipo de lo que está por llegar. Cuando hablamos de que en el futuro nos enfrentamos a temperaturas 2 grados más elevadas que las actuales, hablamos de la media anual. Sin embargo, ha habido momentos del pasado, puntuales, en los que se han vivido esos 2 grados más de temperatura. Yo estudio qué les ocurrió a las plantas en los momentos en los que esto ha sucedido puntualmente.

El último evento que he estudiado ha sido del año hidrológico 2013-2014 en la Región de Murcia; durante este periodo, la precipitación anual media de la Región fue de unos 150 l/m2, aproximadamente el 50% de la media histórica. Algunas zonas acumularon precipitaciones tan bajas como 60 l/m2, que son niveles de precipitación prácticamente típicos del desierto. Estudiar cómo responden las plantas en estos casos tan extremos nos ayuda a entender qué pasará en el futuro. A veces son episodios tan extremos que ni siquiera podríamos estudiarlos considerando las predicciones futuras de promedios.

¿Cómo les afectó a las especies del bosque mediterráneo ese año de sequía extrema?

He estudiado su efecto en el pino carrasco y en especies de matorral. En el caso del pino carrasco hubo patrones de mortalidad del veinte por ciento en los bosques de la Región de Murcia. Y en el caso del matorral, que como ya he mencionado está integrado por especies muy adaptadas a la sequía, también hubo eventos masivos de mortalidad, con tasas de hasta el cincuenta por ciento (unas 6000 plantas muertas de 12 000 muestreadas). Esto refleja que a pesar de ser especies adaptadas a la sequía, también son sensibles a eventos extremos de esta magnitud.

¿El escenario apunta a la desaparición del bosque?

Los estudios indican que en estas zonas tan áridas habrá transiciones de bosque a matorral y de matorral a vegetación rala (formaciones vegetales con plantas muy pequeñitas), lo que incrementaría el riesgo de desertificación, con todas las implicaciones ecológicas que esto conlleva.