La lucha decidida contra el cambio climático contribuye a mejorar la calidad del aire y la salud de las poblaciones actuales y futuras

La contaminación atmosférica es uno de los principales riesgos para la salud de la población mundial. El último informe de Carga Global de Enfermedad sitúa la exposición a contaminación atmosférica como el cuarto riesgo más importante de defunciones en el mundo en el año 2019

La contaminación atmosférica es uno de los principales riesgos para la salud de la población mundial. El último informe de Carga Global de Enfermedad sitúa la exposición a contaminación atmosférica (considerando la exposición a partículas finas  y la exposición a ozono, ambas referidas al ambiente exterior así como la como la exposición a humo en interiores por uso de combustibles sólidos) como el cuarto riesgo más importante de defunciones en el mundo en el año 2019. En total, a la exposición a estos dos contaminantes se le atribuyen 2,92 millones de defunciones en mujeres y 3,75 en los hombres, lo que representa el 11,3% y el 12,2%,  respectivamente de las defunciones de ese año. Solo por detrás de factores de riesgo tan importantes como la presión arterial elevada, los riesgos dietéticos para ambos sexos y de glucosa elevada en ayunas en mujeres y del tabaco en hombres.

A diferencia de otros riesgos ambientales, como la exposición a humo por uso de combustibles sólidos o falta de acceso a agua de bebida en condiciones -que afectan específicamente a poblaciones más pobres-, la contaminación del aire ambiente es un problema de alcance global. Se estima que en el año 2019 aproximadamente el 90% de la población mundial estuvo expuesta a concentraciones medias anuales de partículas finas que superaban la Guía de Calidad del Aire de la OMS de 10 μg/m3. Las partículas finas, o PM2,5, son el indicador que se relaciona de manera más clara con la morbilidad y mortalidad por enfermedades cardiovasculares, respiratorias, cáncer y otras).

Sin embargo, dichas concentraciones, y su impacto en salud, no se distribuyen de manera homogénea en el mundo, siendo sensiblemente más elevadas entre las poblaciones de países del Sur y Sudeste de Asia y de África Central, y más bajas en los países ricos. Pero aún a pesar de dichas diferencias, también la contaminación del aire representa un grave problema de salud pública en Europa. El informe de la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA), que acaba de hacerse público, indica que la exposición a contaminantes del aire ambiente en el año 2019 fue responsable de cerca de 400.000 defunciones prematuras en el conjunto de los países de la Unión Europea y el Reino Unido.  Dicha estimación es aproximadamente el doble a la que se obtiene con la herramienta que se utiliza para el informe de Carga Global de Enfermedad (GBD), ya que para los cálculos se utilizan métodos que difieren en algunos aspectos. Las estimaciones para 2019 en España se encontrarían entre, aproximadamente, 23.000 defunciones prematuras, según el informe de la  AEMA, y cerca de 12.000, según los cálculos de GBD. En todo caso, el impacto de la contaminación en la salud de la población europea, y española, es muy relevante. De los dos contaminantes evaluados en el informe de GBD, las partículas son el que más impacto en salud causa en España-como en el ámbito global-, sin embargo, las tendencias son distintas, descendente en el caso de las PM2,5, y mostrando un incremento en el ozono, conforme al avance del cambio climático (State of Global Air, 2020).

Junto a lo anterior, tampoco todas las personas presentan son igualmente sensibles a los efectos nocivos de la contaminación del aire. Las personas con patologías crónicas, especialmente cardiorespiratoria, y los más pequeños son más sensibles. Las primeras etapas de la vida, incluida la gestación, son periodos de especial vulnerabilidad, en las que una alta exposición puede conducir a un mayor riesgo de enfermedad, invalidez o muerte a lo largo de la vida.

Proyecto INMA

El proyecto INMA (Infancia y Medio Ambiente), una red de investigación de grupos españoles, entre los que se encuentra la Unidad Mixta de Investigación en Epidemiología y Salud Ambiental FISABIO-Universitat Jaume I-Universitat de València,  ha aportado información relevante respecto al impacto de la exposición a contaminación atmosférica y efectos en las primeras etapas de la vida. En la etapa prenatal la exposición a mayor contaminación por parte de la madre se asoció con retraso en  el desarrollo fetal, una reducción de la antropometría al nacimiento,  un mayor riesgo de parto prematuro, así como con un retraso del crecimiento físico en los primeros años de vida.  Las exposiciones tempranas a contaminación del aire (tanto prenatal como en los primeros meses de vida) también se asociaron con mayor riesgo de infecciones respiratorias y con déficits de la función pulmonar. Por otro lado, en el estudio también se ha descrito la relación entre la exposición a contaminación atmosférica en las primeras etapas de la vida y el desarrollo neuroconductual en la infancia. Resultados similares se han encontrado en estudios multicéntricos en los que ha participado el proyecto INMA. En un artículo reciente desarrollado en más de 4000 niños y niñas participantes de seis cohortes infantiles de europeas que participan en el proyecto HELIX (Heraklion en Grecia, Poitiers y Nancy en Francia, Bradford en Reino Unido, y Sabadell y Valencia -las dos del proyecto INMA), los niveles más altos de exposición temprana a contaminación atmosférica se relacionaron con un aumento de la presión arterial infantil.

 


A diferencia de otros riesgos ambientales, la contaminación del aire ambiente es un problema de alcance global.


 

Cambio climático

Por su parte, el cambio climático se considera la principal amenaza para la salud pública en el presente siglo. De acuerdo con la OMS en la presente década se pueden dar 250000 defunciones relacionadas con el cambio climático que se irán incrementando de manera exponencial a lo largo del siglo si no se toman medidas decididas para cambiar su progresión. Al igual que en el caso de la contaminación del aire, los niños y las niñas actuales son los que más sufrirán sus efectos. Por un lado, por su vulnerabilidad, por el otro porque vivirán en los años futuros con unas situación que puede empeorar.  Los cambios en el clima son debidos a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) debidas a la actividad humana. El sur de Europa y el Mediterráneo son zonas consideradas como “puntos calientes”, tanto en términos de mayor calentamiento como de reducción del promedio de precipitación.

Las agencias internacionales, lideradas por el panel intergubernamental para el cambio climático (IPCC por sus siglas en inglés) desarrollan una estrategia para evitar que la temperatura media mundial supere en 1,5ºC la temperatura de la época pre-industrial. Para conseguirlo se debe reducir muy sensiblemente las emisiones de los GEI clásicos (CO2, metano, N2O) y también de los contaminantes que afectan el clima por tener un alto forzamiento positivo, entre los que se incluyen el ozono y el carbono negro.

Junto al efecto de mitigación del cambio climático, objetivo principal de dichas estrategias,  sus acciones se pueden traducir en otros logros para la salud para que se conocen como ‘co-beneficios’, de manera muy relevante en el campo de la salud, a través de acciones que conllevaran una reducción de la contaminación atmosférica, un aumento de la actividad física, una reducción de consumo de carne, o un mayor acceso a espacios verdes, principalmente.

Una serie de estudios recientes han ilustrado la magnitud potencial de los beneficios derivados de dichas acciones. La reducción en los niveles de contaminación del aire que se derivaría de la eliminación de las emisiones de combustibles fósiles podría reducir en 3,61 millones de defunciones prematuras.  El mayor beneficio para la salud del incremento de la movilidad activa (caminar, ir en bicicleta) vendría asociado al aumento de la actividad física, además de contribuir a una reducción de contaminación atmosférica y acústica, debido la reducción de algunas de las principales causas de enfermedad y muerte, como, por ejemplo enfermedad isquémica, accidente cerebrovascular, diabetes y cáncer.

Finalmente, por citar un sector más, entre las acciones relacionadas con mitigación del cambio climático, los cambios que se traducirían en mayores beneficios para la salud serían los derivados de cambios en la dieta que irían asociados a una reducción de emisiones. Según la Comisión EAT-Lancet, si se produjeran cambios de la dieta actual a una dieta saludable se traduciría en una reducción de alrededor de 11 millones de muertes prematuras al año, además de evitar emisiones de GEI, pérdida de biodiversidad y uso de agua y suelo que reducen la estabilidad de  los sistemas de la Tierra.

Desde el punto de vista económico, los beneficios en salud que seguirían a la mejora en la calidad del aire por  las acciones de mitigación contempladas en el Acuerdo de París doblarían, aproximadamente, sus costos.

Covid-19 y medio ambiente. Crisis y oportunidad

La pandemia por COVID-19 está causando daños tremendos a la humanidad y está demostrando la importancia de la salud pública en la protección de la salud y la calidad de vida de las personas. Además, tal como indicó el Director General de la OMS «es un aviso de la estrecha e íntima relación entre las personas y el planeta».

En relación a la contaminación del aire se ha visto que la exposición podría ser un factor que favoreciera la gravedad de las consecuencias de la COVID-19. Pero también se ha podido comprobar que las acciones de reducción de la actividad han llevado a descensos notables en los niveles de contaminantes del aire en todo el mundo. Un estudio reciente ha estimado que durante el primer semestre de 2020 se ha reducido las emisiones de CO2 en un 8,8% respecto al mismo periodo de2019.  En España dicha reducción ha sido más del doble (-18,8%), poniendo en evidencia como en nuestro país existe margen para una reducción sustancial de GEI.

Dichas mejoras han demostrado que, con acciones decididas, es posible conseguir mejoras sustanciales en la calidad del aire que se derivan en beneficios importantes para la salud de la población. Ello nos brinda una oportunidad única para conseguir un aire más limpio, mitigar el cambio climático, y poder avanzar en un planeta saludable y sostenible para los más jóvenes y para las generaciones futuras.

 


Ferran Ballester
Investigador de Fisabio
Bio

 

 


 

Comparte

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email